Gracias a Hew Len, fiel practicante y transmisor de la sabiduria del Ho’oponopono, pude tomar conciencia de la relación entre mis trabas en la vida presente, mis bloqueos y obstáculos, con las heridas a sanar de la niña interna que hay en mi, mi yo misma, mis memorias pendientes de ser liberadas.

Ya hacía muchos años que había conectado con esa niña y que había ido acompañando a temporadas, con épocas de olvido y vuelta a empezar.

Hasta que un día me senté, la miré de frente y practiqué el agradecimiento, el perdón y el amor sincero, permitiendo que todos sus recuerdos aflorasen a la superficie, todo su dolor que podía volver a sentir en mi corazón. Y no solo por grandes traumas una niña o un niño puede sufrir en su interior, también por falta de delicadeza, por descuidos, por falta de escucha, de paciencia o por el propio carácter tímido o sensible, por la vulnerabilidad propia de un niño, o por no se sabe exactamente qué causa.  Así que todos tenemos esos rincones ahí, que guardan lo no dicho, lo no tenido en cuenta, nuestros amigos, nuestros compañeros, nuestros padres, nuestros abuelos, todos.

Lo que pasa con estas emociones retenidas es que de adultos las seguimos reproduciendo. Y pensamos que son los otros que nos hacen esto o aquello, pero no del todo, gran parte de lo que nos sucede viene generado por esas memorias, que ahora, en el presente vuelven a aflorar y nos brindan la posibilidad de ser vistas y por fin liberadas.

Aquí os dejo esta meditación, que es la que uso para esta liberación. Propongo hacerla durante 21 días, para que tenga un efecto profundo y nos lleve a ese siguiente peldaño de felicidad real.

Gracias